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¿ST200 o 208 GTi By Peugeot Sport? Nuestra honesta opinión después de probar ambos

Casi acabo de bajarme del Ford Fiesta ST200 que mi compañero Rafa tiene de pruebas esta semana. Tenía muchísimas ganas de echar el guante a la versión más prestacional del utilitario americano, no sólo por el tipo de vehículo que es, sino porque justo seis días antes devolví a Peugeot un 208 GTi By Peugeot Sport, el que es su máximo rival en la categoría, y del que puedes leer la prueba aquí.

Aunque este artículo salga a la luz bastante después de cuando lo escribo, he querido ponerme a redactarlo casi nada más bajarme del ST200, para así poderos dar una reflexión más concisa a raíz de unas sensaciones más frescas de ambos modelos. Y es que aún parece que manejo el volante de un autobús cada vez que conduzco un coche que no fuera el 208, la culpa la tiene su minúsculo y genial volante.

Además, para que las sensaciones no se vean afectadas por la carretera en la que he conducido cada coche, he hecho a Rafa desplazarse hasta Marbella (gracias, Rafa), donde vivo, para después ir con el ST200 hasta uno de mis tramos preferidos y en el que di buena cuenta del rendimiento del 208. Se trata de la MA-8301, conocida por la gente de los alrededores como la carretera de Genalguacil.

Para saber en profundidad sobre ambos modelos, te aconsejamos que leas la prueba escrita de cada uno de ellos (prueba Ford Fiesta ST200), donde entramos más en detalles sobre todo aquello que pueda interesarte, pero para este artículo hemos querido centrarnos en la parte más dinámica de nuestros protagonistas.

La estética de nuestros protagonistas deja clara las intenciones dinámicas que persiguen

Ambos modelos gozan de una estética que dista de la de sus hermanos de gama más mundanos, y captan miradas de curiosos allá por donde van. Dobles salidas de escape, llantas oscuras, taloneras y difusores suman su granito de arena en busca de la deportividad del conjunto, y está más que lograda en ambos modelos. Tal vez el 208 resulte menos deportivo a ojos de muchos, ya que es difícil imprimirle mucha deportividad a causa de su carrocería, con cierta forma de huevo.

Nada más montarme en el ST200 hay algo que hace que me sienta más especial que en otros GTI como los Corsa OPC o 208 GTi. Se podría decir que goza de un halo carismático que en los otros modelos no encontramos. No hay elementos físicos que denoten esta sensación, ni nada que permita sumar puntos para decir cuál hace que te sientas más especial al volante, pero sin duda el Fiesta ST hace que incluso antes de montarte en sus Recaro estés esbozando una sonrisa a causa de una atmósfera que derrocha personalidad.

El puesto de conducción del 208 me encandila con el conocido i-Cockpit de Peugeot. Para ser sinceros será difícil estar cómodos en él a la primera y tal vez hasta después de muchos reajustes de volante y asiento, no encontremos una postura idónea, pero una vez hallada tal no vamos a querer acostumbrarnos a otro puesto de conducción, ya que acompaña tanto en conducción deportiva como cotidiana.

Llega el momento de arrancar, y mientras que en el ST200 tenemos que recurrir a un botón con el 208 podemos seguir girando una llave a la vieja usanza, y con ambas acciones emanan de sendos bloques de 1,6 litros turboalimentados sonidos ciertamente distintos.

Llegados a este punto tenemos que celebrar que ninguno de ambos modelos recurre a digitalizar el sonido del motor y reproducirlo por los altavoces para hacerlo llegar al habitáculo. Esto si hablamos del Fiesta ST en cuestión, porque el nuevo modelo (sí, el de 3 cilindros…) sí recurre a la digitalización del sonido.

El bloque del Peugeot es menos refinado, sobre todo si lo juzgamos por el sonido. Peugeot ha recurrido a un sistema de escape para dar ese toque macarra que hace falta a un GTI. Por la parte del ST200, sin embargo, el escape es más bien discretito, suena bien, pero no tan alto ni tan bonito como el tono que ofrece el GTI francés. Ford aquí jugó inteligente en su momento, y en vez de hacer trampas con el sonido del motor y el estéreo, han dirigido mediante conductos el sonido del motor hacia el interior del habitáculo.

El ST200 goza de cierto carisma que hace que rápidamente nos declaremos admiradores suyos

Son dos sonidos claramente diferenciados, con caracteres muy distintos, ambos con personalidad propia. Con el Peugeot si tienes esa sensación de ir repartiendo decibelios allá por donde vas una vez que el escape ha cogido el tono y la temperatura. Me remito a una frase de mi compañero Diego después de bajarse del pro_cee’d GT y montarse en el 208; ‘es  escandaloso’, seguido de risas. Pero las risas acaban cuando te das cuenta de que a 120 km/h el sonido del escape se cuela en exceso dentro del habitáculo, que junto al ruido de la rodadura que provocan los neumáticos de perfil bajo hace incluso que tengas que subir un poco el volumen de la radio para que los pasajeros traseros puedan oírla bien.

A pesar del bonito tono del escape que tiene el Peugeot, lo que no tiene y sí tiene el Fiesta es el sonido tan claro y perceptible de la válvula de descarga, es una delicia que al cambiar de marcha o al soltar el acelerador, el ST200 te devuelva un sonoro ‘pssss’. En el 208 he llegado a oír ese silbido, pero para oírlo tienes que prestar mucha, mucha atención es casi imperceptible. Sin embargo lo que sí te devuelve es un ruido sordo al levantar el pie del acelerador o al subir de marcha, sin llegar a ser un petardazo típico de escandalosos sistemas de escape ni una pedorreta como las que soltaba el Audi TT que probamos hace ya algún tiempo.

Los 26.400 euros que pide el Fiesta ST200 por los 25.005 euros del 208 tal vez se antojen caros dado el interior del americano

¿Cuál suena mejor? Si juzgamos por el sonido exterior, el 208 GTi By Peugeot Sport gana la partida por goleada, aún teniendo en cuenta los soplidos del ST200, pero si se trata de estar sentados dentro conduciendo, el Fiesta gracias a su Sound Symposer es capaz de hacer incluso que te emociones. Y además no te taladra los oídos manteniendo cruceros en autovía y autopista.

Una vez me encontraba encarando las curvas de mi carretera de montaña, las sensaciones entre un coche y otro se me fueron cruzando conforme afrontaba los giros con el ST200. La sensación de seguridad en el Peugeot es mucho mayor, se siente más compacto, más ágil y más rápido de reacciones, gracias en gran parte a una dirección notablemente más directa que la del Ford. La agilidad también puede deberse a la dureza de sus suspensiones, la sensación de virar plano es mucho mayor en el francés que en el americano, que tiende a balancear un poquito más que el 208 cuando cerramos la dirección.

Este balanceo no es un defecto, ni mucho menos. Ambos GTI gozan de una dureza de suspensión tal que que tu abuela no querrá ir contigo a ningún lado. Ruedan muy duro, pero dentro de esta dureza, las diferencias entre uno y otro son notables, y en el caso del Ford esta dureza de menos está claramente orientada a acercarnos un poco más al límite del conjunto, que es fácilmente palpable, puedes jugar sobre dicho límite.

Si bien es cierto que no lo echamos en falta, dado el precio del ST200 podrían haberlo dotado de un diferencial autoblocante como el 208 GTi By PSP

Con el Peugeot (que lo tuve de pruebas toda una semana) no fui capaz de hacer que en condiciones de seguridad la trasera se insinuase lo más mínimo. Sin embargo con el ST200 no tienes más que hundir el el acelerador en pleno apoyo durante un segundo, levantando el pie de seguido y la trasera del coche se revuelve, involucrándote de lleno en la maniobra y teniendo que corregir rápidamente para no pasar de diversión a problemas.

En el apartado de la dirección ambos coches son opuestos como la noche y el día, ya que mientras la dirección del Fiesta te es fiel y te va informando de (casi) todo, la del Peugeot está completamente muerta, no te habla, no te cuenta qué es lo que pasa entre los neumáticos y el asfalto. Ambas están asistidas eléctricamente, pero el buen hacer de la división de Ford Performance hace que llegue más información a nuestras manos.

Hablando de manos, otra cosa que tendremos que estar tocando constantemente será la palanca de cambios, donde destaca el 208 ligeramente. El Peugeot goza de un cambio más preciso, acompañado de un pomo metálico que acrecienta la sensación mecánica, pero de recorridos algo largos, y es ahí donde el ST200 con unos recorridos más cortos recorta unos puntos a su rival en este apartado, aunque es menos preciso a mi parecer. Aún con estas premisas, estaremos todo el día subiendo y bajando de marchas por puro placer en ambos GTI.

Otro aspecto a destacar es la buena tracción de ambos coches a pesar de ser tan livianos y tener tantos CV bajo el pie derecho. Mientras que el Peugeot recurre a un diferencial autoblocante físico, de los de toda la vida, el ST200 lo emula mediante electrónica. No es un factor determinante este aspecto, pero por el precio del ST200 sobre el ST normal sí que podrían haberlo incluido los amigos de Ford en este ST200, como me comentó mi compañero Rafa.

¿Y si hablamos de motores?

Toca hablar del corazón de ambos GTI, muy similares (por no decir idénticos) en cuanto a planteamiento. Ambos se mueven gracias a un bloque 1,6 litros turboalimentado, rindiendo 200 CV en el caso del Fiesta (215 en momentos puntuales gracias a la función OverBoost) y 208 CV en el 208 GTi.

Ambos entregan la potencia máxima muy cerca de las 6.000 vueltas, pero el Peugeot siempre se presta un poco más a estirar las marchas, mientras que con el ST200 antes de las 6.000 tendremos que subir, y a ello se le une que la caja de cambios es algo más cerrada que en el 208.

No será el motor lo que te haga decantarte por uno u otro, aunque tal vez el del 208 tenga más carácter. Mientras que el ST200 es más lineal el GTi By Peugeot Sport es más contundente desde la mitad del cuenta revoluciones, más bruto.

¿Entonces cuál me compro?

Una cosa he tenido clara desde el primer momento, el 208 GTi By Peugeot Sport es mucho más efectivo, y además la sensación de que lo llevas todo bajo control es un hecho, aunque vayas muy, muy rápido. El ST200, por su parte, es menos noble en este sentido, siempre te tiene algo más alerta.

Por tanto, a los que les gusta pelearse con el volante podrán pensar que entonces el ST200 es su coche, y puede que estén en lo cierto, pero hay que probar el Peugeot para saber cuánto grip es capaz de ofrecer el tren delantero en condiciones óptimas de temperatura, ya que en mi opinión, la diversión no sólo está en dejar el asfalto marcado.

Si alguien que lea este artículo de opinión realmente está pensando en comprar uno de ambos modelos, lo mejor es probarlos, tienen personalidades muy distintas. Ahora bien, yo mismo que he probado ambos, pondría mi dinero (realmente lo haría) en un ST200, simplemente por lo puntiagudas que son las sensaciones que ofrece al conducirlo y por ese halo carismático que de una manera u otra se deja sentir. Aunque si no encontráis ninguna unidad del ST200 (no se han fabricado muchos) podéis estar más que tranquilos con la compra del GTi By Peugeot Sport.

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Sobre el Autor

Álex González

Ya de chico todo el mundo sabía que de regalarme algo, tenía que ser relacionado con coches. Y unos veinte años más tarde la cosa no ha cambiado. Siempre a la última en actualidad del motor y las nuevas tecnologías que lo rodean.
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