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Prueba: MINI Cooper de 5 puertas – 3 cilindros, 136 CV y mucha diversión

Tenía ganas de probar el nuevo MINI, tengo que reconocerlo. Tras haber probado los One y One D del modelo anterior, mis sensaciones y pensamientos sobre el coche eran agridulces.

Vamos a hacer una breve introducción: el actual MINI es la tercera generación de un modelo que nació en el año 2000 con el nuevo milenio. Era la reinterpretación del Mini original que nació en 1959 y que se convirtió en un verdadero icono de los años 60. Con esta tercera generación del MINI moderno, por primera vez en la historia una versión de 5 puertas –la que hoy nos ocupa-.

La gama del MINI 5 puertas la componen 6 versiones: 3 de gasolina (One, Cooper y Cooper S) y otras tantas diésel (One D, Cooper D y Cooper SD). Arranca en 17,350 € con el One de 102 CV y llega hasta los 26,850 euros del Cooper S y sus 192 CV.

Nuestro protagonista es el Cooper, modelo que arranca 21,450 euros. La unidad que probamos costaba 24,010 €, teniendo en cuenta algunos opcionales.

PRIMERAS IMPRESIONES – EXTERIOR

El modelo actual del MINI, y sobre todo el 5 puertas, se ve grande. Muy grande, me atrevería a decir. Y es curioso, porque ni siquiera llega a los 4 metros (3,98). Sus formas cuadradas y el aumento de tamaño respecto a la generación anterior (no hablemos ya respecto del MINI original) hacen que luzca aún mayor de lo que realmente es. Y se ve, sobre todo, alto. Aún así, las proporciones se mantienen y la vista de perfil le identifica inconfundiblemente como un MINI.


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Siguiendo con el exterior del coche, lo siguiente que llama la atención es el negro en contraste con la pintura sólida (de nombre ‘Pepper White’) que viene de serie. Tanto las llantas de 16 pulgadas (650€) como las franjas para el capó (110€) son opcionales, al igual que el techo en color negro, si bien este último opcional no supone desembolso adicional. A mi parecer, las llantas ideales deberían ser un poco más grandes; quizá alguna de las opcionales de 17” serían las que mejor quedarían con las proporciones del coche, si bien las de 16 pulgadas no pecan excesivamente de pequeñas. Quién diría esto con el MINI original, al que unas de 13” le venían al pelo…

En cualquier caso, el contraste del negro de las llantas, las franjas del capó y el techo le dan un toque estético más sugerente (¿podríamos decir más deportivo?) que el aspecto de serie.

Su aspecto es juvenil, interesante e inconfundiblemente MINI

Dando una vuelta alrededor del coche vamos descubriendo más cosas: nuestra unidad equipaba la línea cromada exterior; esta se hace notar en la parrilla frontal y en la moldura que sirve de agarradera para abrir el maletero así como en la que bordea la luz antiniebla trasera, en la parte baja de la trasera. Siguiendo con el exterior, los más observadores precisarán los faros antiniebla: opcionales (150€), en nuestro caso con bombillas de las de toda la vida. Existe la opción de equipar antinieblas LED, al igual que iluminación completa en esta tecnología. Además de conseguir una mejor iluminación, estéticamente el MINI gana unos puntos con los faros LED, dotándole de un aspecto más moderno y sofisticado. Llegados a este punto toca decir que los faros redondos se hacen notar enseguida como protagonistas del agradable semblante de este coche.

Si bien esta pintura no es la más atractiva de las ofertadas, y las llantas ya he dicho que, en mi opinión, les faltaba ese último toque para convencer, lo cierto es que el aspecto general del coche es agradable. Quizá ‘bonito’ no sea la palabra, pero sí luce interesante, juvenil y moderno.

NOS SUBIMOS A LA CABINA – INTERIOR

Vamos por partes aquí… Lo primero que comprobé fue la distancia entre el pedal del embrague y el reposapiés: pisé a fondo el embrague, levanté y repetí la acción y comprobé que el principal problema que yo tenía con los anteriores MINI se había solventado en este modelo.

En los MINI que he probado del modelo anterior, esto me producía verdadero amargor. No me caracterizo por tener un pie especialmente ancho; quizá algo más ancho que la media, pero nada reseñable. En los MINI que pude conducir, cada vez que pisaba el embrague, tocaba el reposapiés e incluso, en algunas ocasiones, mi pie llegaba a quedarse levemente atascado, interrumpiendo la pisada y/o el levantamiento del pedal, lo cual acarreaba leves tirones de vez en cuando, y dolores de cabeza siempre.

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No cogimos el metro para comprobarlo con números, pero la sensación es de ser mucho más amplio que la anterior generación

Dicho lo anterior, hay dos cosas que se hacen notar en seguida nada más subirte al MINI: una es la amplitud notoriamente superior respecto al modelo anterior. El aumento de tamaño de este modelo se traduce en un mayor espacio interior, y os lo aseguro: es bastante palpable. Quizá con el metro en la mano, las cifras no parezcan destacables, pero la sensación es mucho mejor, sobre todo desde la posición de conducción: el pilar A ya no lo llevas pegado a tu ceja izquierda. La otra cosa es que ahora el velocímetro ya no ocupa la posición central del salpicadero, pasando ahora a estar detrás del volante, junto al cuentarrevoluciones. También se han reubicado los botones de los elevalunas, que ahora están en la puerta.

Donde antes iba el velocímetro ahora hay una pantalla que de serie es de 6,5” (8,8” si equipa el navegador opcional con disco duro, conexión a internet y diversas funcionalidades y aplicaciones) circundada por una iluminación LED de la que puedes cambiar el color a tu gusto mediante un botón en el techo. Aquí la primera pega: conduciendo de noche, aun las tonalidades menos intensas pueden resultar molestas y es imposible apagar dicha iluminación por completo.

La sensación de calidad es buena, y tanto materiales como acabados cumplen con nota. Además, no hay ninguna parte en el interior que no esté cubierta y deje a la vista la carrocería, como ocurre en algunos coches de este segmento. Otro punto a favor del MINI.

La botonería es original, inspirada en la de las cabinas de los aviones, y no es excesiva: climatización, sistema de infoentretenimiento (aquí las funciones disponibles dependerán de cuánto nos rasquemos el bolsillo), algunos botones para el sistema de audio y algunos más con diversas funciones tales como la desconexión del control de tracción o la del sistema Start&Stop. Hablando de multimedia… El MINI incorpora de serie conexión USB, aspecto a destacar de cara a conectar nuestro ‘smartphone’ u otro dispositivo similar.

Destaca el botón de arranque, que ocupa una posición central destacada (como no podía ser de otra forma) debajo del climatizador-que es bizona de serie-. Dicho botón se iluminaba en rojo con dos niveles de intensidad: el más suave estando en estático, en el que si pulsabas no había respuesta más que si el coche estaba arrancado y querías pararlo; cuando te dispones a arrancar el motor y pisas el embrague (esto último es obligatorio), otro rojo más intenso hace aparición.

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Incorporado en el círculo del velocímetro hay una pequeña pantalla que hace las veces de ordenador de a bordo y nos informa de la marcha que tenemos engranada, la que nos recomienda el vehículo (unas veces más acertadamente que otras), autonomía, distancia de viaje y kilometraje total.

La calidad de materiales y acabados es buena, el diseño es original y cuenta con USB y anclajes ISOFIX de serie

La ergonomía del volante es buena. Tanto el diámetro como el grosor son correctos, aunque podrían haber tenido en cuenta otra disposición mejor para la colocación de los pulgares. Dicho volante incorpora los botones del control de crucero a un lado y los del control del sistema de audio al otro.

Los asientos son cómodos y cuentan (excepto el del conductor, obviamente) con anclajes ISOFIX de serie, aspecto este último muy a tener en cuenta. Lo que no está disponible es la regulación de altura de los cinturones de seguridad.

Dos reproches son necesarios mencionar. En un coche que equipa tecnología digna de segmentos superiores y que se podría denotar como ‘premium’ dentro de su propio segmento, se echa de menos un freno de mano eléctrico. Los más aguerridos no compartirán mi opinión y preferirán mantener el freno de mano mecánico por si se tercia cruzar forzosamente el coche en algún momento. Os aseguro que, teniendo en cuenta la ergonomía interior, prevalece la idea de tener el sistema eléctrico.

El otro aspecto a mejorar es, digamos, parcial. Se trata del reposabrazos. Puede no resultar intuitivo descubrir que hay un botón para hacerlo llevar hasta abajo del todo; de otra forma, unos pocos milímetros más elevado de lo deseable harán que el reposabrazos sea ciertamente molesto a la hora de cambiar de marchas. Cuando está abajo del todo, problema solucionado: ahora sí resulta cómodo.

En las plazas traseras, homologadas para 3 personas, podrán viajar cómodamente dos: la plaza central, por espacio y por el diseño del asiento, y también por la consola central, no es apta más que para trayectos cortos o para personas de poca envergadura.

Para mejorar el aspecto, como equipamiento opcional se pueden añadir diversas molduras y paquetes estéticos, tres tapicerías de tela así como varias de cuero.

ARRANCAMOS – ¿CÓMO SE CONDUCE?

No quiero empezar por el final y escribir ya la conclusión, pero la verdad es que el Cooper me gustó y me sorprendió gratamente. Pero vamos por partes…

Comenzamos la marcha y en pocos metros, tan pronto como nos topamos con el primer badén, sentimos lo seco de su suspensión. Para quien vaya a usar este coche exclusivamente por ciudad puede resultar incómodo superar los abruptos baches debidos a obras, juntas de dilatación o badenes que inundan el asfalto de las polis hoy en día. En nuestro caso, no teníamos opción de variar la dureza de la suspensión pero existe la opción de equipar al MINI con el Control electrónico de la suspensión EDC por 500€ adicionales, donde sí podemos elegir entre varios modos y optar a una suspensión más cómoda. También, para quien quiera un toque más ‘racing’, existe la posibilidad de equipar la ‘Suspensión deportiva’ (así lo llama la marca), cosa que, desde mi punto de vista, solo recomendaría a aquellos que vayan a utilizar el Cooper mayoritariamente para disfrutar tomando curvas y en carreteras relativamente bien asfaltadas.

La suspensión, incómoda en ciudad, se vuelve un punto a favor en carreteras reviradas. La dirección no es comunicativa pero es precisa y la transmisión hace muy buena pareja con el motor de 1,5 litros

Pero esta dureza de suspensiones que en ciudad puede resultar molesto, en carreteras reviradas se vuelve un punto a favor de este coche. El Cooper toma las curvas de tal forma que te incita a buscar sus límites curva tras curva; cambia rápido de dirección y agarra con brío. Es sorprendente el poco subviraje del que hace gala, incluso llevándolo al límite. Aquí la suspensión y también su liviano peso (1.190 Kg en vacío) hacen que sea un coche con el que disfrutar realmente enlazando curvas. Tras una intensa jornada por carreteras de muchos y muy cerrados giros, la sensación es que este MINI está disfrutando tanto como tú.

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La dirección se siente precisa y tiene un peso, a mi parecer, correcto. Sufre de lo mismo que sufren la mayoría de direcciones modernas: filtra todo y no te informa de lo que está pasando en las ruedas más allá del ángulo de giro. Pero lo importante es que no empaña las sensaciones de conducción a la hora de querer disfrutar.

Los asientos de serie sujetan más que correctamente: los 1’84 m y sobre todo los 78 Kg de un servidor los rellenan bien, eso es cierto. Quizá alguien menos corpulento ‘bailaría’ más ante una sucesión de curvas encadenadas. Para quien busque un plus de agarre, por el motivo que fuere, MINI ofrece en opción unos asientos deportivos.

En las carreteras que probamos el coche, que mezclaban vías secundarias con muchas curvas, carreteras muy reviradas de montaña incluyendo varios puertos, la transmisión también tuvo su protagonismo, lógicamente. La elasticidad de la 3ª marcha es asombrosa, pudiendo utilizarla en un rango muy amplio de velocidades: no significa esto que peque de ser una relación larga. El motor estira bien, tanto que te anima a ir siempre en un régimen alto, y entrega la potencia de forma muy lineal. Sin duda, el trabajo hecho en este propulsor ha sido fantástico. Jugando con las marchas 2ª y 3ª se obtiene un rango de uso perfecto en este tipo de carretera. Incluso en las curvas más lentas, el par del motor hace acto de presencia para empujar, desde muy baja velocidad, con celeridad y brío en 2ª. Cuando toca cambiar a 3ª, pisas a fondo y el Cooper a veces parece tener más caballos de los que realmente tiene. Aquí, la ligereza del coche vuelve a ayudar: las aceleraciones son las que son, ahí están los números, pero las sensaciones son mejores. La respuesta del pedal del acelerador es rápida (hay otro opcional, el MINI Driving Modes, en el que se puede variar la respuesta del coche en varios aspectos, entre ellos la respuesta del motor), aunque personalmente no me gustó nada el tacto de dicho pedal. Demasiado blando, parecía no estar conectado a nada.

La palanca de cambios tiene unos recorridos correctos en su longitud, ni muy cortos ni demasiado largos, y goza de buena precisión; además, la palanca es cómoda a la hora de agarrarla. En definitiva, resulta agradable cambiar de marcha en este Cooper.

El motor estira de forma que te incita a ir a un régimen alto y entrega la potencia de forma lineal. El cambio tiene recorridos correctos, es preciso, y la conducción se hace muy divertida

Tras una intensa jornada donde el estilo de conducción había sido agresivo, acelerando hasta un régimen alto, y en el que los tramos habían requerido constantes aceleraciones y frenadas, tocaba mirar el ordenador de a bordo. ¿Distancia recorrida? No, sobre eso ya tenía una cifra: No los kilómetros suficientes.

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Era hora de comprobar el consumo medio. Durante el día, el (curioso) medidor del depósito de combustible había descendido menos de lo que yo esperaba, y no es que el Cooper tenga el depósito de un Range Rover. La media era de 9,1 l/100 Km. Puede representar una cifra alta si sólo tenemos en cuenta su condición de tricilíndrico de 1,5 litros turboalimentado, pero es una cifra más que correcta para 136 CV de gasolina exprimidos al máximo.

No olvidemos mencionar el equipo de frenos: envite tras envite, frenada tras frenada, los frenos resisten muy bien, no hay fading y el poder de retención es correcto.

Y aunque por dentro hubiese deseado estar días y semanas repitiendo una y otra vez dichos tramos de carretera, la profesionalidad llamaba a la puerta y teníamos que probar el coche en otro ámbito.

Durante los recorridos por autovía y autopista, los consumos fueron muy contenidos. El Cooper se conformó con 5,1 litros de combustible (homologa 4 exactos) cada 100 kilómetros. Para lograr esta cifra ayuda la 6ª marcha de la transmisión, gracias a la cual podemos ir circulando a la velocidad máxima permitida en la vía con un régimen de rpm muy bajo: el motor va muy desahogado. En este tipo de vías, el coche se siente con aplomo. Si hubiese una prueba algo así como ‘conducción a ciegas’ (por razones obvias, en nuestra profesión no puede haber catas de este tipo), pocos dirían que la estabilidad y aplomo de este coche se corresponde al de un vehículo de poco más de 1.700 mm de ancho.

El consumo es contenido en conducción ‘espirituosa’ y más que correcto por autovía: se conforma con 5,1 l/100 Km

En el uso por ciudad, por las calles, callejuelas y avenidas por las que circulamos con este Cooper, la dirección se sintió cómoda para su uso urbano. Es una dirección realmente bien equilibrada, con buen compromiso entre comodidad en ciudad y tacto en una conducción más deportiva. En este aspecto, algunas marcas deberían tomar nota.

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El consumo urbano, siendo contenido en el estilo de conducción pero sin ir buscando maximizar radicalmente la eficiencia, rondaba la frontera de los 7 litros, sin llegar nunca a superarla. Con todo, el consumo medio de las diferentes condiciones de conducción resultó ser en nuestro caso de 7 l/100 Km, aproximadamente.

¿Y qué hay de las vibraciones típicas de los tricilíndricos? Pues apenas hay… En frío y al ralentí se puede sentir algo, pero tan pronto coge temperatura el motor, las vibraciones son imperceptibles; también lo son yendo en marcha.

Respecto al sonido, es algo extraño… El sonido del motor es claramente diferente al de un 4 cilindros, pero el sonido en general no dista tanto del sonido del Cooper de la generación anterior… En el escape, se escucha algo así como un gorgoteo, como si estuvieses escuchando a la vez el sonido real del motor y el ‘maquillaje’ para parecer algo mejor. La conclusión final es que no suena nada mal para ser un bloque de solo 3 pucheros.

Aspectos a mejorar

Tras haberme encandilado afrontando curvas con él, parecía incapaz de ponerle alguna pega. Pero las hubo que vinieron solas tan pronto como llegó la noche…

‘¿El alumbrado no es suficiente?’, os podéis estar preguntando. Nada que ver. Si habéis estado atentos, recordaréis lo que dije al principio: la iluminación del salpicadero; esa que se puede cambiar de color mediante un botón en el techo del coche pero que no pudimos (o no supimos) apagarla, y por la noche llegó a ser molesta mientras conducía en las carreteras más apartadas, donde no hay más iluminación que la de tu propio coche. Aun eligiendo el color menos intenso, sigue siendo muy brillante en la oscuridad que se apodera de la noche en la carretera.

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Otra cosa que me procuró algún que otro dolor de cabeza fue engranar la marcha atrás: excesivamente duro, llega a ser molesto y en alguna ocasión no la metes a la primera (precisamente, metes primera).

Por otra parte, y aunque aquí la física y el espacio son los que son, siempre hay que mencionarlo: el espacio para las piernas detrás puede llegar a ser deficiente si uno de los dos entre conductor y pasajero superan, pongamos, los 175 cm; ni hablar si ambos se van más allá de los 1,80 m de estatura. Todo esto, teniendo en cuenta solo las dos plazas de los extremos; la plaza del medio, por el asiento y por la incomodidad que supone la consola central, es solo recomendable para trayectos cortos o para personas de poca envergadura. Hablando de plazas traseras: el acceso no es todo lo cómodo que cabría esperar debido al poco ángulo con el que abren las puertas.

Respecto a la suspensión, puede ser un aspecto a mejorar para muchos de los que acaben comprando un MINI, por ser demasiado dura para un uso diario confortable. Esto es solucionable equipando el Control electrónico de la suspensión, previo pago de 500 euros adicionales.

Por último, cabe mencionar la relación precio-equipamiento: accesorios como la conexión manos libres por Bluetooth (150€) o los faros antiniebla (150€) deberían venir de serie en un coche que supera los 20.000 euros.

Conclusiones

Son muchos más los aspectos positivos de este MINI que los negativos (apenas unos pocos), y lo más importante: muchos de los aspectos positivos son a la hora de conducirlo, algo que nos encanta y agrada enormemente.

Es un coche atractivo visualmente, que se ve moderno, juvenil y alegre. Es divertido de conducir, ágil, y se conforma con poco combustible. Está bien resuelto, sus materiales y acabados cumplen, el diseño interior nos gusta y tiene detalles muy originales. No brilla ni en el espacio para las plazas traseras ni en la capacidad del maletero, pero las medidas del coche son las que son: no existen los milagros.

Si me pidiesen consejo sobre un coche nuevo de este segmento, ¿recomendaría el MINI Cooper? La respuesta es clara y rotunda: Sí.

Vehículo propiedad de Sixt Rent a Car.
Sobre el Autor

Diego Gutiérrez

Aprendí a leer con los nombres de los coches que veía por la calle. A los 6 días de sacarme el carné, rompí un diésel atmosférico. Disfruto conduciendo cualquier cosa con motor y ruedas y en mis ratos libres estudio cosas ingenieriles.
Comments (9)
  • Marcial

    Enhorabuena por la prueba y las fotos. ¿Dónde están hechas? Ese carretera en medio del bosque es una pasada…

    • Rafa Rivera

      ¡Hola Marcial! Están hechas por carreteras de Navacerrada. No sé decirte exactamente dónde está esa carretera a través de los árboles, que como ves es idílica. Pero intentaremos repasar aquella ruta por si damos con ella 😉
      ¡Gracias!

  • arribi

    enhorabuena por vuestra primera prueba. ha sido realmente completa.

    la verdad es que no he tenido la oportunidad de conducir uno de estos, pero sí que lo he visto en persona, y suscribo lo que comentas, se ve enorme (quizás sea porque estoy enamorado del R53). también he tenido la oportunidad de seguir (más bien intentarlo) a un Cooper S, conducido por un piloto profesional, a los mandos de mi Clio 197 y os aseguro que puede ir muy muy rápido, tanto que tuve que desistir en la persecución su no quería pegármela.

    • Diego Gutiérrez

      ¡Muchas gracias! 😀 Me alegro realmente de que te haya gustado; espero que las venideras vayan mejorando y te vayan gustando.

      Este Cooper va realmente bien. No he probado el Cooper S pero debe ser una pequeña bomba.

      • Lucas

        Hola Diego, felicidades por la prueba, son muchas las que he leido antes de decidirme, a día de hoy soy feliz propietario de uno igual al que comentas. Aclarar que la iluminación interior puede resultar molesta, pero en los ajustes se puede desconectar completamente o bien disminuir la intensidad hasta casi hacerla testimonial. Por lo demás, un coche que no para de dar alegrías, ahora mismo y con muy pocos kilómetros resulta una media de 6L/100 de consumo, que no está nada mal!
        Un saludo

      • Diego Gutiérrez

        ¡Hola, Lucas! Antes de nada, muchas gracias por tus palabras. Y muchas gracias por la aclaración respecto a la iluminación interior; me extrañó mucho que no se pudiese apagar o atenuar, pero como digo en la prueba, fui incapaz de descubrirlo. En cualquier caso, un coche que te pone una sonrisa en la cara.
        ¡Un saludo, Lucas! 🙂

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