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Técnica F1: todo sobre el Flow Viz, ese fluido indispensable en la Fórmula 1

Es evidente que la Fórmula 1 es el ejemplo perfecto de desarrollo diario. Los ingenieros y mecánicos trabajan constantemente para mejorar el coche en todos los aspectos posibles con el fin de conseguir esas décimas de segundo que supongan una pole, una victoria o incluso un título mundial. Y es que uno de los apartados más importantes de un monoplaza es su aerodinámica. El uso de túneles de viento para comprobar que el aire pasa por donde debe o la dinámica computacional a través simulaciones realizadas en ordenadores, que nada tienen que envidiar a los de la NASA, son las herramientas indispensables para los aerodinamistas. ¿Pero cómo comprobar que la informática no miente?

El Flow Viz parece ser una de las soluciones, nunca mejor dicho, más usadas por los equipos para determinar que la aerodinámica del coche hace su trabajo. Se trata de un fluido viscoso, de poca densidad y de color muy llamativo, normalmente verde fluorescente. Quizás por este nombre no te suene, y es que en castellano lo conocemos como parafina.

La parafina es una solución simple y de fácil utilización que supone una gran fuente de datos para los ingenieros

Se pudo ver por primera vez durante los test de pretemporada de 2010 en el Circuito de Jerez, a los lomos del MP4-25. Sin embargo, numerosas escuderías ya habían usado este llamativo líquido en pruebas y ensayos privados en túneles de viento con anterioridad. Años atrás, había que usar otros métodos más rudimentarios, como no secar el coche tras una carrera de lluvia para poder observar el flujo, muchas veces errante, de las gotas de agua.

Este líquido se pulveriza por aquella zona del coche que se quiera estudiar, normalmente los laterales de los pontones, los alerones o el fondo plano del coche a su salida por el difusor. Tras realizar esta operación, se saca el coche a pista, y realiza sus vueltas con total naturalidad. A su vuelta al box, la parafina, por efecto del aire y su baja densidad se habrá ido desplazando, dejando una estela que servirá de indicativo para conocer la trayectoria del aire a su paso por el coche. La mezcla que la compone esta diseñada expresamente para secarse una vez ha entrado en contacto con el aire, contando con un tiempo antes de esto suficiente para discurrir a lo largo de la pieza de estudio. Este tiempo puede prolongarse, a veces es necesario por la necesidad que hay de realizar un test durante un stint largo, añadiendo a la disolución más cantidad del agente húmedo que controla el tiempo de secado.

Antiguamente los ingenieros ordenaban no tocar el coche tras una carrera pasada por agua para estudiar el flujo de las gotas de lluvia

Los equipos nunca han sido muy amigos de la parafina, hay que tener en cuenta que los resultados de los ensayos pueden ser perfectamente avistados por curiosos miembros de otras escuadras. Por ello los equipos recurren al mágico líquido cuando es de extrema importancia; problemas aerodinámicos notables, necesidad de hacer un estudio fundamental, etc.

La información que se recoge permitirá deducir si las simulaciones dieron lugar a resultados correctos, si el aire circula correctamente a través de la estructura del coche o si existen zonas turbulentas que originen pérdidas de carga aerodinámica, traduciéndose, por tanto, en un coche inestable de conducir o en pérdidas de velocidad punta. Algo que parece tan simple ayuda a los ingenieros a saber incluso en qué zonas la velocidad del aire es mayor y en cuales menor. En definitiva, con los datos que se obtienen se busca conseguir un mínimo rozamiento con el aire, el fluido de trabajo de la Fórmula 1. Su correcta canalización a través de la estructura del coche es vital; las líneas que resultan del flujo deberán presentarse de manera uniforme y sin interrupciones a lo largo y ancho de la pieza de estudio. Si esto se consigue de forma satisfactoria, las ventajas son enormes, mayor agarre y paso por curva, ahorro de neumáticos o refrigeración de diferentes componentes, en especial frenos. 

Tras la realización del estudio, los restos que han impregnado el coche resultan fáciles de retirar, por lo que no hay que desechar ninguna pieza. Queda por tanto reflejada la importancia de la parafina e incluso llega a impactar cómo algo tan sencillo y fácil de utilizar resulta de gran ayuda, tanto o más que la tecnología tan avanzada con la que cuenta la categoría reina del motor.

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Sobre el Autor

Angel Moreno

Casi ingeniero aeroespacial enamorado de la aeronáutica y del mundo del motor en general, aunque mi mayor interés es la Fórmula 1. Porque un avión y un monoplaza tienen más similitudes de las que puedes llegar a pensar.

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