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De cuando Mercedes-Benz coqueteó con la electrificación… En 1982

Ya es una realidad, nos guste o no, que el automóvil del futuro será eléctrico. Casi ninguna marca se ha quedado descolgada en esta carrera hacia la hibridación y la electrificación, y cada vez son más los modelos no propulsados por nuestro querido derivado del petróleo que se lanzan al mercado. El olor a gasolina tiene los días contados.

El Toyota Prius fue sin duda el precursor de esta revolución, pues asentó las bases del actual mercado de coches híbridos y eléctricos. Desde Toyota consiguieron ofrecer esta nueva tecnología a un precio razonable y se adjudicaron el éxito. Aunque ha sido en estas dos últimas décadas cuando se ha desarrollado todo a un ritmo frenético, la investigación en este campo viene de lejos. A finales de la década de los 60 marcas importantes como BMW o Mercedes empezaron a pensar seriamente en la propulsión electrica para sus coches y comenzaron a hacer experimentos y prototipos, algunos más fructuosos que otros. En 1982, Mercedes-Benz fabricó un prototipo eléctrico de un W123, y es esta rareza la que nos trae hoy hasta aquí. Rareza que serviría como laboratorio para, años más tarde, concebir el W201 eléctrico. 

 

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Final de los 70, las cosas se ponen feas de nuevo para el petróleo. Tras la crisis de 1973, a finales de la misma década la conjunción de la revolución iraní y la guerra entre Irán e Irak desató la segunda gran crisis del petróleo. Los precios del barril se dispararon y la exportación se redujo considerablemente. Con episodios así, Mercedes-Benz vio claro el momento de desarrollar alternativas al uso del petróleo, y en 1982 la marca asiste a la trigésimo segunda Feria de Hannover con un prototipo de coche eléctrico.

Para este prototipo se usó un W123 de tipo ranchera, hacía falta más espacio del que se disponía en uno de tipo berlina. Ahora veréis por qué. Con este ensayo rodante, Mercedes-Benz pretendía probar las alternativas a la gasolina y al diésel con soluciones sencillas y económicas.

Exteriormente, este W123 parece un W123 normal y corriente.  Si eres muy observador, puedes percatarte de que, por ejemplo, la tapa del depósito de combustible es más grande que en un W123 convencional. Todo parece normal hasta que se abre el capó o el maletero.

El motor eléctrico que se montó en este Mercedes desarrollaba unos ridículos 41 caballos de potencia. Colocado en el vano motor, daba potencia a las ruedas traseras mediante una transmisión automática de cuatro velocidades, derivada de la que se equipaba en los W123 convencionales. Se implementó un embrague de fricción sobre la transmisión, en lugar de usar el convertidor de par hidráulico, buscando así una pérdida mínima de potencia.

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El motor eléctrico era alimentado por un gran paquete de baterías de Níquel-Hierro que eran refrigeradas por agua. Mercedes-Benz innovó también con el uso de este tipo de baterías, pues las que se usaban por entonces para dar energía electrica a máquinas eran las de Ácido-Plomo. La densidad de estas baterias es mayor, cerca del doble, lo que permitía reducir el espacio que ocupaban. Aún así, como ves, el espacio que ocupaban las baterias es asombroso. De hecho el prototipo se quedaba prácticamente sin litros útiles de su inmenso maletero, donde se colocaron estas. Iban montadas sobre una bandeja que se sacaba a modo de cajón, apoyada sobre una pequeña rueda, que como puedes ver en la foto de arriba luego se podía guardar en el compartimento del motor.

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Las baterías pesaban un total de 600 kilogramos y producían carga suficiente para recorrer 100 kilómetros. Además, podían recargarse enchufando al W123 eléctrico a una toma de corriente doméstica.

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¿Un tubo de escape? Así es, el prototipo eléctrico de Mercedes tenía un tubo de escape para emitir los gases de un motor de gasolina que también se montaba sobre él. Este motor no proporcionaba al W123 potencia para circular, se usó como extensor de rango para conseguir un plus de 50 kilómetros de autonomía. El motor, de dos cilindros, funcionaba en un régimen de cuatro tiempos.

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Al final el peso se incrementó muchísimo y los 41 caballos, que ya de por si eran pocos para un W123 de gasolina, no podían propulsar al prototipo a más de 80 km/h.

Aunque nunca se consideró un modelo para producir en masa, el prototipo se probó durante los años 82 y 83 pero decidió archivarse finalmente a causa de numerosos problemas de funcionamiento y eficiencia. Aún así en Stuttgart se siguió investigando con vehículos eléctricos.

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Fuente: ranwhenparked.net

Sobre el Autor

Rafa Rivera

A décimas de segundo de ser Ingeniero Aeroespacial. Nací en Córdoba y me crié entre un Escort y un Fiesta SuperSport. Enfadado con el mundo desde que en mi casa se compró un Ford Ka. Mi cabeza es una base de datos de coches, y solo coches, en constante actualización y estoy aquí para compartirla contigo.

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